¿Cómo valoras la renuncia de Pedro Sánchez a la dirección del PSOE?

Hace unos días escribía, en la recién nacida red social QUORA, una respuesta a la pregunta ¿Cómo valoras la renuncia de Pedro Sánchez a la dirección del PSOE?.

Creo que esa respuesta también debe figurar aquí para que mi postura personal sea conocida por quienes siguen este blog. Aquí la dejo, con mínimos retoques y una nota final provocada por la deriva de los últimos días. Va en español, como el original.

Son muchas las connotaciones asociadas al bochornoso espectáculo que desde el PSOE estamos dando a la ciudadanía y, en especial, a nuestros afiliados y votantes.

Participo de las tesis de Josep Borrell sobre la cuestión que se dirime y, en especial, a la referencia realizada sobre el modelo de partido.

No es lo mismo pretender un partido confederal, en el cual los llamados “barones” territoriales configuran el núcleo duro del poder, que un partido federal, donde el Secretario General Federal y su ejecutiva marcan las pautas a seguir, obviamente con el respaldo del Comité Federal y siguiendo las directrices del Congreso donde haya sido nombrado.

Esta cuestión es para mí fundamental. Una de las razones por las que me afilié al PSOE hace más de 34 años fue la de ser un partido de izquierdas que vertebraba España desde una estructura federal. Un modelo que, entendía, era el que mejor respuesta daba, desde la izquierda, a nuestro modelo de Estado.

Sigo creyendo en ello, razón por la que no me convence que sean las distintas federaciones y sus intereses territoriales los que configuren la política del partido. Cosa distinta es que, necesariamente, el Secretario General Federal deba escuchar a los distintos Secretarios Generales Territoriales que pueden y deben enriquecer la posición final.

Por otro lado, este debate nos coincide en un momento crucial respecto de la gobernabilidad del país. O sea, la postura a adoptar en el Congreso respecto a la abstención que permita el gobierno de Rajoy o la posibilidad de plantear un gobierno alternativo.

Mi postura personal es que nadie que milite o haya votado al PSOE entendería que no optáramos por el objetivo de lograr un gobierno alternativo. Bien con Podemos y Ciudadanos, bien con Podemos y el resto de fuerzas progresistas que pudiéramos sumar. Sólo desde la absoluta imposibilidad de que esto fuera posible podríamos hablar de una abstención técnica antes de unas terceras elecciones que pudieran favorecer aún más a la derecha o, dicho de otra forma, que Rajoy -y su confluencia-se acercara a la mayoría absoluta. Repito, para un relato convincente ante militantes, votantes y el conjunto de la sociedad española, debiera quedar suficientemente clara esa imposibilidad e incluso señalar a los que impiden tal gobierno alternativo. Entre otras cosas, creo que esa coherencia permitiría consolidar mejores resultados caso de terceras elecciones.

Por cierto, creo que con las fuerzas que proclaman soberanías o independentismos es mucho mejor hablar que no hablar. Posturas de cerrazón y confrontación, o sea, las políticas de Rajoy, sabemos muy bien que resultado dan.

Respecto de Podemos y sus confluencias no encuentro mejor frase que la empleada por Borrell, “ahí están nuestro hijos”.

Nunca he creído en dibujos de negro y blanco, no me sirven las posturas maniqueístas de buenos y malos, por ello entendía que, con una situación interna como a la que hemos llegado, correspondía utilizar esa conocida frase de “cuando todo lo demás falle, siga las instrucciones”. Y las instrucciones en el PSOE no son otra cosa que la aplicación de los Estatutos.

Unos Estatutos que, coincidiendo con la interpretación de muchos compañeros, indican que, si dimite la mitad más uno de la Ejecutiva, corresponde la convocatoria de un Congreso Extraordinario -con sus correspondientes primarias- y, por cierto, en ningún lugar está escrito lo de una gestora.

No me preocupa tanto el que esto no haya sido así, como el espectáculo dado. Sin duda nos va a costar mucho reponernos con un partido que ha quedado muy dañado, pero es la tarea que nos toca. Y mejor sería que TODOS nos pusiéramos a ello desde la honestidad y desde los valores que proclamamos. Actualmente no importa tanto saber quien haya podido ser el ganador como la cruda realidad de que hemos perdido todos.

POSTDATA: No tantos días después de este escrito, debo constatar que creo que la posibilidad de acudir o no a unas terceras elecciones dista mucho de estar en nuestras manos. La posición de fuerza en la que se ve el Partido Popular tras nuestras “hazañas”, junto con sus predicciones demoscópicas actualizadas, hacen que sea muy goloso para ellos el provocar una situación que derive directamente en nuevos comicios.

La fórmula es bien sencilla, caso de una decisión estratégica del PSOE de adoptar la abstención, el PP exigiría que no basta con ello sino que -por la “sacrosanta estabilidad” del país- necesitan, bien un pacto de legislatura, bien un apoyo a los presupuestos. Sabiendo que el PSOE nunca podría aceptar semejante dislate, sólo queda una salida: nuevas elecciones.

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