VOX, Míster Sequah cabalga de nuevo

Los que, por nuestra edad, forjamos gran parte de nuestra cultura cinematográfica a base de ver películas del «Far-West», hasta en largas sesiones continuas en los cines de barrio, nos acordaremos de que uno de los personajes que acostumbraban aparecer en ellas era el del curandero-charlatán vendiendo potingues milagrosos con los que prometían curar toda clase de mal. Curiosos personajes muchas veces apoyados en “ganchos” y que, en base a su gran locuacidad, persuasión y engaños, conseguían vender inicialmente una buena dosis de sus brebajes “curalotodo”, cual moderno “Bálsamo de Fierabrás”.

Desgraciadamente para ellos, luego de un fugaz éxito inicial, y descubierto el fraude, solían acabar con sus huesos fuera del pueblo y con el carromato destrozado por la misma gente que inicialmente recurría a los beneficios del supuesto milagro.

Lo que yo no sabía era que también en nuestro país aparecieran este tipo de personajes. Así -según pude leer en un curioso artículo publicado por el Diario de Mallorca hace unos cinco años-, en el año 1892 se instaló en Mallorca el carromato de Míster Sequah y su aceite milagroso, del cual los romances de la época decían, entre otras cosas, lo siguiente:

«A su coche acuden pobres / y  con las manos benditas / les quita el dolor reumático / y les da noches bonitas”

Mr. Sequah ni siquiera era una persona, era una marca inventada por Willian Henry Hartley, quien abandonara sus estudios de medicina para convertirse en charlatán, y tenía “franquiciados” en Sabadell, Irlanda o Mallorca vendiendo su aceite milagroso en un carromato semejante a aquellos de los viejos “westerns”, con escenas del lejano Oeste pintadas en los laterales.

Aquel artículo del Diario de Mallorca finalizaba con la siguiente frase: «Más de un siglo después, los charlatanes ya no se anuncian con romances, pero los escuchamos a diario en la radio y en la televisión”.

Proféticas palabras sin duda que, en los tempos que corren, no puedo menos que enlazar con lo que ocurre con VOX y sus mediáticos y ascendentes líderes. Cambiando los antiguos romances por modernos “tuits”, las soflamas de esta formación política de ultraderecha tratan de embaucar a una parte del electorado con un discurso plagado de falsedades en los datos, retorciendo los argumentos hasta la extenuación y pervirtiendo los valores que consiguieron conformar la mejor época de paz, justicia y solidaridad en España y en Europa.

Solo puedo esperar que su «éxito» sea el mismo que el de aquellos curanderos-charlatanes de las películas que solíamos ver de pequeños. Por cierto, quien quiera ver el artículo aparecido en el Diario de Mallorca sobre Míster Sequah no tiene más que hacer click “aquí».

Para finalizar, y como ya tengo comentado en anteriores artículos, no me olvido de que mucha de la culpa de que no sean pocos los que acuden en busca del ansiado “aceite milagroso” estriba en su sensación de ser olvidados por aquellos que deben -debemos- darle una respuesta positiva ante la crisis por la que estamos atravesando. Una crisis que no es otra cosa que una máquina de crear más y más desigualdad, rompiendo ese Pacto Social al que tanto gusta referirse Antón Costas y al que ya me tengo referido en este otro artículo: «Populismo político vs. populismo económico».

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